El alza del petróleo golpea el bolsillo de las familias chilenas

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Por: Patricia Esparza, Académica de la Escuela de Ingeniería Comercial Universidad de Las Américas

El aumento del precio internacional del petróleo se ha convertido en un factor de presión sobre el poder adquisitivo de los hogares chilenos. Durante 2025, el valor del barril Brent se mantuvo por debajo de los US$81, lo que contribuyó a moderar las presiones sobre los costos energéticos y generó expectativas de una recuperación gradual de la economía nacional, en un contexto marcado por un crecimiento económico débil. Sin embargo, el reciente incremento del crudo, que ha superado los US$110 por barril, ha reactivado las alertas sobre sus posibles efectos en la inflación, el consumo y bienestar de la población.

El alza de los precios de este commodity puede impactar a las familias a través de cuatro canales. El primero es el encarecimiento del transporte, producto del aumento del valor de las bencinas y otros combustibles. Esto eleva los gastos de quienes utilizan vehículos particulares, locomoción colectiva y también el traslado de mercancías.

El segundo canal corresponde al aumento del precio de los alimentos y bienes de consumo. El transporte, almacenamiento, refrigeración y distribución forman parte de la estructura de costos de numerosos productos. Por ello, cuando sube el precio del petróleo, estas alzas pueden reflejarse en lo que pagan los consumidores en supermercados, ferias y otros establecimientos comerciales.

El tercer mecanismo se relaciona con el tipo de cambio. Como Chile es un importador neto de petróleo, un aumento del precio internacional del crudo incrementa, en igualdad de condiciones, los recursos en dólares necesarios para financiar estas importaciones. Esta mayor demanda de divisas puede ejercer presión sobre el tipo de cambio, aunque su evolución también depende de otros factores, como las tasas de interés, los precios de otros productos de exportación y las condiciones financieras internacionales. Si el peso chileno se deprecia frente al dólar, los bienes importados pueden encarecerse aún más.

El cuarto canal es el deterioro del ingreso real de los hogares. Cuando el aumento de los costos energéticos se traduce en una inflación más elevada, los salarios pierden poder adquisitivo al no crecer al mismo ritmo que los precios. Además, el incremento de la Unidad de Fomento (UF), como consecuencia de la inflación, eleva en pesos el valor de las obligaciones expresadas en esta unidad, entre ellas los dividendos de determinados créditos hipotecarios y algunos contratos de arriendo. Esto reduce el margen disponible de las familias para cubrir su consumo y gastos no indispensables.

Es así como un factor externo puede afectar la economía interna presionando el tipo de cambio y los niveles de precios, contribuyendo a generar mayores presiones inflacionarias. Si estos efectos coinciden con un crecimiento económico débil y dificultades en el mercado laboral, el impacto sobre el bienestar de las familias se intensifica, ya que los ajustes se traducen en menor gasto y capacidad de ahorro.

El efecto del petróleo trasciende ampliamente a quienes compran bencina o poseen un automóvil, ya que inclusive los hogares que no utilizan vehículos particulares pueden enfrentar un mayor costo de vida debido al encarecimiento de los alimentos, el transporte público y otros bienes y servicios de uso cotidiano.

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