Turismo y el desafío de adaptarse frente a las altas temperaturas

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Por: Francesca Machiavello Narváez, Académica Administración en Ecoturismo Universidad Andrés Bello.

Las altas temperaturas pueden convertirse en un factor cada vez más relevante al momento de elegir dónde viajar y qué actividades realizar. La reciente declaración de Alerta Temprana Preventiva Nacional por calor, vigente hasta marzo de 2027, nos recuerda que las temperaturas extremas son un desafío para distintas actividades económicas, entre ellas el turismo, y no únicamente un problema de salud pública.

Chile posee una enorme diversidad geográfica y climática, que permite desarrollar actividades turísticas en ambientes tan distintos como el desierto, la cordillera, los valles, los bosques y las zonas costeras. Esta riqueza ha sido reconocida internacionalmente. Recientemente, por ejemplo, nuestro país fue distinguido en los World Travel Awards 2026 como Mejor Destino de Turismo Aventura y Mejor Destino Verde de Sudamérica, consolidando su posicionamiento turístico.

Esta misma diversidad territorial significa que los efectos de las altas temperaturas no serán iguales en todos los destinos. En sectores donde predominan las actividades al aire libre, como el senderismo, las excursiones, el turismo rural o las visitas a áreas naturales, los episodios de calor intenso pueden limitar los horarios de funcionamiento, modificar itinerarios e incluso obligar a suspender determinadas actividades para resguardar la seguridad de los visitantes y trabajadores. En este contexto, SENAPRED ha recomendado evitar la exposición directa al sol entre las 11:00 y las 17:00 horas, lo que plantea la necesidad de reorganizar recorridos, privilegiar horarios de menor exposición y ofrecer alternativas que permitan desarrollar las actividades de manera segura.

Las altas temperaturas también pueden influir en las preferencias de los turistas. Destinos costeros, lacustres o de montaña podrían resultar más atractivos para quienes buscan temperaturas agradables, mientras que otros lugares podrían experimentar cambios en sus períodos de mayor demanda. Sin embargo, una mayor afluencia de visitantes también puede incrementar la presión sobre recursos como el agua, los servicios básicos y los ecosistemas.

A esto se suman otros riesgos asociados a las condiciones estivales, como los incendios forestales, que pueden afectar la accesibilidad, la calidad ambiental y el funcionamiento de determinados destinos turísticos. Aunque el calor por sí solo no provoca incendios, puede favorecer condiciones para su propagación.

Frente a este escenario, la adaptación del turismo requiere ir más allá de las recomendaciones individuales de protección solar e hidratación. Es necesario avanzar en una planificación que reconozca las particularidades geográficas y climáticas de cada territorio, considerando que no todos los destinos presentan las mismas condiciones ni enfrentan los mismos riesgos. Aspectos como la disponibilidad de agua, la infraestructura, los accesos, los horarios de las actividades y los protocolos de prevención deben responder a las características y necesidades de cada lugar.

No se trata de dejar de viajar durante el verano, sino de comprender que las condiciones climáticas también forman parte de la experiencia turística y que debemos aprender a gestionarlas. Un destino preparado ofrece atractivos y servicios de calidad y es capaz, además, de anticipar riesgos y proteger tanto a sus visitantes como a las comunidades que lo habitan.

Porque frente a un clima cambiante, el futuro del turismo dependerá no solo de los lugares que podamos visitar, sino también de nuestra capacidad para adaptarnos a las condiciones de esos territorios.

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