- El uso prolongado de audífonos a volúmenes elevados, la exposición frecuente a conciertos y los ambientes urbanos ruidosos pueden afectar la salud auditiva desde edades tempranas. Especialistas advierten sobre la importancia de reconocer las primeras señales y adoptar hábitos de escucha seguros.
La pérdida auditiva asociada a la exposición excesiva al ruido se ha transformado en una preocupación creciente entre los profesionales de la salud. Aunque suele asociarse al envejecimiento, los adolescentes y jóvenes también están expuestos al riesgo de desarrollar alteraciones auditivas debido a hábitos cotidianos, como escuchar música a volúmenes elevados mediante audífonos o permanecer durante períodos prolongados en entornos ruidosos.
Yolanda Maldonado, directora de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, explica que el fenómeno no es aislado. “Hoy observamos una mayor exposición al ruido desde edades muy tempranas. Muchos jóvenes utilizan audífonos durante varias horas al día, a menudo con volúmenes superiores a los recomendados, sin ser conscientes del impacto que esto puede tener en su salud auditiva a largo plazo”, señala.
La fonoaudióloga advierte que el principal problema es que el daño suele producirse de manera gradual y sin dolor. “Las células del oído interno encargadas de captar los sonidos no se regeneran. Una vez que se dañan, la pérdida auditiva es permanente. Por eso es tan importante promover hábitos de escucha seguros antes de que aparezcan los primeros síntomas”, enfatiza.
Riesgo se acumula día a día
Según explica la académica UNAB, la exposición al ruido depende de la intensidad del sonido, la duración y la frecuencia de exposición. Mientras más alto sea el volumen, menos tiempo necesita el oído para sufrir daño. “Muchas personas creen que el problema está solo en los conciertos o las discotecas, pero también ocurre en situaciones cotidianas. Es frecuente que quienes viajan en micro, metro o tren aumenten considerablemente el volumen de sus dispositivos para aislarse del ruido ambiente. Esa práctica repetida diariamente puede generar un deterioro progresivo de la audición”, afirma.
La experta recomienda no utilizar dispositivos de audio a más del 60% de su capacidad máxima y realizar pausas periódicas para permitir el descanso auditivo. Esta orientación, promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), debe complementarse con el control de los niveles sonoros y del tiempo de exposición, ya que el porcentaje de volumen no garantiza por sí solo una escucha segura. “Escuchar música sigue siendo una actividad saludable y placentera. El problema aparece cuando no existen límites de tiempo ni de volumen”, sostiene.
Señales que no deben ignorarse
Uno de los mayores desafíos es que los síntomas iniciales suelen pasar desapercibidos. La sensación de oído tapado después de un concierto, un zumbido transitorio o la necesidad de subir constantemente el volumen del televisor son algunas de las primeras alertas. “El tinnitus o acúfeno, que se manifiesta como un pitido o zumbido en los oídos, es una señal frecuente de sobreexposición al ruido. Aunque desaparezca después de unas horas, puede indicar que el oído estuvo expuesto a niveles sonoros potencialmente perjudiciales”, explica Yolanda Maldonado.
Otro signo que suele presentarse tempranamente es la dificultad para comprender conversaciones en ambientes ruidosos. “Muchas personas escuchan, pero les cuesta entender lo que se les dice cuando hay ruido de fondo. Eso también puede ser una señal de alteraciones auditivas iniciales que requieren evaluación profesional”, agrega.
Una tarea compartida
La profesional subraya que la prevención debe comenzar desde la infancia y comprometer a familias, establecimientos educacionales y centros de salud. “Así como enseñamos a los niños a usar protector solar o a cepillarse los dientes, también debemos enseñarles a cuidar su audición. Los hábitos auditivos saludables se aprenden desde pequeños y tienen efectos durante toda la vida”, afirma.
Asimismo, destaca el rol de los fonoaudiólogos en la promoción de la salud auditiva y la detección temprana de problemas. “Nuestro trabajo no solo está en la evaluación y rehabilitación. También tenemos una labor educativa fundamental para que las personas comprendan los riesgos y adopten conductas protectoras antes de que aparezca el daño”, señala.
En este contexto, la Fonoaudiología cumple un papel fundamental a lo largo de todo el ciclo vital, integrando acciones de promoción, prevención, evaluación y rehabilitación auditiva, con el objetivo de favorecer la comunicación, la participación y la calidad de vida de las personas.
Finalmente, Maldonado hace un llamado a consultar ante cualquier señal de alerta. “Mientras más temprano se detecte una alteración auditiva, mayores serán las posibilidades de prevenir su progresión y proteger la capacidad de comunicación de las personas. Cuidar la audición es cuidar la calidad de vida”, concluye.











