Sed excesiva, cansancio persistente, visitas frecuentes al baño y pérdida de peso inexplicable son algunas señales que podrían advertir niveles elevados de azúcar en la sangre. Patricia Donoso, directora de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, explica cómo reconocerlas y por qué es importante realizarse controles incluso cuando no existen síntomas.
Sentir sed constantemente, levantarse varias veces durante la noche para ir al baño o experimentar un cansancio que no desaparece pueden parecer molestias cotidianas. Sin embargo, cuando estos síntomas se presentan de manera persistente o aparecen juntos, podrían ser señales de una diabetes que todavía no ha sido diagnosticada.
En Chile, la diabetes representa un importante problema de salud pública. Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 12,3% de la población de 15 años y más presentaba sospecha de diabetes mellitus, equivalente aproximadamente a una de cada ocho personas. Aunque corresponde a una medición realizada hace casi una década, sigue siendo una referencia utilizada por el Ministerio de Salud.
Patricia Donoso, directora de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, advierte que reconocer oportunamente los cambios en el organismo puede marcar una diferencia importante.
“La sed excesiva, el aumento de la cantidad de orina, el cansancio persistente y la pérdida de peso sin explicación pueden advertir niveles elevados de glucosa en la sangre. Aunque estas manifestaciones pueden tener otras causas, requieren una evaluación, especialmente cuando aparecen juntas, se mantienen o representan un cambio respecto de lo habitual”, explica la académica.
Las señales que no deberías ignorar
Entre los principales síntomas de alerta se encuentran la necesidad constante de beber agua, orinar con mayor frecuencia durante el día y la noche, el cansancio persistente, la visión borrosa y la pérdida de peso involuntaria.
La especialista explica que algunas de estas manifestaciones suelen confundirse con situaciones habituales. Por ejemplo, levantarse repetidamente durante la madrugada para orinar puede atribuirse a la edad, mientras que una baja de peso inesperada podría interpretarse inicialmente como algo positivo.
“Una pérdida de peso involuntaria merece atención, aunque la persona tenga sobrepeso y considere inicialmente que bajar de peso es beneficioso”, señala Donoso.
Sin embargo, la diabetes tipo 2 también puede desarrollarse sin síntomas evidentes, lo que dificulta su detección. Por esta razón, sentirse bien no significa necesariamente que los niveles de glucosa se encuentren dentro de rangos normales.
Entre los factores que aumentan el riesgo de desarrollar esta enfermedad se encuentran el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo, los antecedentes familiares, la hipertensión arterial y las alteraciones del colesterol o los triglicéridos. También deben considerarse antecedentes de diabetes gestacional o resultados previos de glicemia elevada.
¿Cuándo corresponde hacerse un examen?
De acuerdo con la Vía Clínica de Diabetes Mellitus tipo 2 del Ministerio de Salud de 2026, se recomienda realizar una pesquisa anual en personas mayores de 40 años y en adultos de entre 18 y 40 años que presenten al menos un factor de riesgo.
Para quienes tienen entre 20 y 40 años y no presentan factores de riesgo, el documento establece controles cada tres años. No obstante, si aparecen síntomas compatibles con diabetes, lo recomendable es consultar sin esperar al siguiente examen preventivo.
Una de las principales herramientas disponibles es el Examen de Medicina Preventiva (EMP), que permite detectar alteraciones mediante la glicemia en ayunas y evaluar otros factores de riesgo.
Las personas afiliadas a Fonasa pueden solicitarlo en su centro de atención primaria, mientras que quienes pertenecen a una isapre deben consultar por los prestadores habilitados para realizar esta evaluación.
“Detectar la diabetes oportunamente permite iniciar el tratamiento y organizar cuidados para prevenir o retrasar complicaciones en los riñones, la visión, los nervios, los pies y el sistema cardiovascular”, destaca Donoso.
La académica también enfatiza que mantener una alimentación saludable, realizar actividad física regularmente y controlar el peso pueden contribuir a prevenir o retrasar la aparición de diabetes tipo 2.
Finalmente, recuerda que la prevención no debe comenzar cuando aparecen las molestias. Conocer los antecedentes familiares, prestar atención a los cambios del organismo y aprovechar los controles preventivos permite identificar alteraciones antes de que se
desarrollen complicaciones.
“El llamado es a prestar atención a los cambios del organismo y aprovechar las instancias de prevención, incluso cuando nos sentimos bien”, concluye la directora de Enfermería UNAB.











