La principal conexión terrestre entre Chile y Argentina moviliza millones de toneladas de carga al año. Su interrupción obliga a las empresas a evaluar rutas alternativas, asumir mayores tiempos de tránsito y anticipar posibles impactos sobre sus operaciones.
El cierre del paso Los Libertadores durante el invierno volvió a evidenciar la dependencia que tiene el comercio terrestre entre Chile y Argentina de una ruta estratégica. Una interrupción que puede comenzar por razones climáticas termina rápidamente repercutiendo en transportistas, importadores, exportadores y empresas que dependen de la llegada oportuna de productos e insumos.
La relevancia del corredor permite dimensionar el alcance de una contingencia de este tipo. De acuerdo con la Dirección General de Concesiones del Ministerio de Obras Públicas, el paso Los Libertadores atiende el mayor flujo de personas, vehículos y transporte de carga con Argentina, movilizando más de 4,3 millones de toneladas y más de 1,5 millones de personas en tránsito. El organismo lo identifica además como la principal conexión terrestre de Chile con el Mercosur.
La magnitud también quedó reflejada durante el cierre recién pasado. El paso permaneció inhabilitado durante 34 días producto de las intensas nevadas, periodo en que se acumularon miles de camiones en territorio argentino. Al momento de la reapertura parcial, el Ministerio de Obras Públicas estimó que aproximadamente 1.200 camiones podrían ingresar a Chile durante la primera jornada habilitada.
“Cuando una ruta de esta importancia queda fuera de operación, el impacto no se limita al camión que está detenido. Se modifica toda la planificación de la carga: cambian los tiempos estimados de llegada, se deben revisar rutas alternativas, aparecen nuevos costos y también hay que coordinar nuevamente con clientes, proveedores y otros actores de la cadena”, explica Matías Bearwald, CEO de Greenwich Cargo y especialista en Global Logistics.
El efecto es especialmente relevante considerando el volumen de mercancías que circula por este corredor. Según cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), durante 2025 las cargas que ingresaron a Chile por Los Libertadores representaron operaciones por US$7.050 millones. Entre los principales productos estuvieron las carnes, por US$2.012 millones; vehículos, por US$1.190 millones; aceite de soya, por US$239 millones; azúcar, por US$138 millones y aceite de girasol, por US$121 millones.
Esto explica por qué los efectos de un cierre pueden extenderse más allá del transporte. Una carga detenida puede retrasar procesos posteriores, modificar fechas de entrega y obligar a las empresas a reorganizar bodegas, distribución o recepción de mercancías. En el caso de productos perecibles o de operaciones con plazos especialmente acotados, el margen de maniobra puede ser todavía menor.
Cuando la ruta alternativa también tiene un costo
Una de las principales respuestas frente a un cierre es evaluar otros pasos fronterizos, pero esta alternativa no necesariamente permite mantener las mismas condiciones de la operación original. Durante el cierre de 2026, autoridades mencionaron rutas como Jama, Pino Hachado y Cardenal Samoré para canalizar parte del transporte de carga, aunque advirtieron que utilizarlas implica mayores costos y tiempos de traslado.
“Una ruta alternativa no significa simplemente cambiar un punto por otro en el mapa. Hay que evaluar distancia, tiempos, capacidad del paso, condiciones de la ruta, disponibilidad de transporte y las características de la carga. Además, cuando muchos operadores buscan la misma alternativa, esa capacidad también puede tensionarse”, señala Bearwald.
El escenario también puede generar un efecto acumulativo. Cuando el paso vuelve a operar después de varios días cerrado, la normalización tampoco es inmediata: los vehículos que quedaron esperando se suman a los nuevos flujos, generando una concentración extraordinaria de carga. Durante la reapertura de agosto, por ejemplo, más de 2.600 camiones ingresaron a Chile durante los primeros días de funcionamiento parcial.
Para las empresas que realizan comercio exterior de manera habitual, la principal lección es que las contingencias deben formar parte de la planificación logística y no abordarse solamente cuando ocurren. Contar con rutas alternativas previamente evaluadas, monitorear las condiciones de los pasos fronterizos y mantener comunicación permanente con los distintos actores permite reducir la incertidumbre y tomar decisiones antes de que un retraso termine afectando otras etapas de la operación.
“El objetivo no es eliminar una contingencia que está fuera del control de la empresa, sino disminuir su impacto. En logística internacional, tener alternativas y capacidad de reacción puede ser tan importante como conseguir una buena tarifa o una ruta eficiente”, concluye el especialista.











