Traición a Chile

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Señor Director:

De modo llamativo, todos los actores visibles del escenario político –de derecha a izquierda– prometen maravillas y grandezas al pueblo de Chile en nombre del “progreso” y el “desarrollo”. Sin embargo, el país fue vendido como una baratija a los “inmigrantes” –sea el capital internacional o las masas de ocupación–, sellando así, irreversiblemente, el destino de nuestra nación –todo esto, con el beneplácito de los “honorables” diputados y senadores, del nefasto gobierno de turno y de las impávidas Fuerzas Armadas–. Claramente, lo que advenga será en provecho y beneficio de los “nuevos chilenos” que no poseen relación alguna con nuestra idiosincrasia ni nuestra historia. El pueblo-nación chileno desaparecerá en el alcantarillado globalista.

Es el fin del Chile tradicional, de nuestra cultura y de nuestra visión de mundo. Es el fin de la nación gótica-araucana –que magistralmente describió Nicolás Palacios– y su reemplazo por las masas apátridas y nihilistas que nunca podrán comprender ni sentir el epos de la Conquista ni concebir el nacimiento de la raza chilena o vislumbrar el sacrificio de los héroes de Iquique y de la Concepción.

Todo esto es una gran traición a Chile, a nuestros espíritus-pillanes, a nuestro paisaje sagrado y a nuestra gente.

Rafael Videla Eissmann

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