Por: Marcela Moreno / Ingeniera en alimentos de Kingsbury
Cada día, miles de familias enfrentan la misma pregunta: ¿qué enviar de colación? Más allá de resolver el hambre de media mañana o de la tarde, ese pequeño alimento cumple un rol importante en la energía, la concentración y el rendimiento de niños y adolescentes durante la jornada escolar.
En medio de la intensidad de la rutina, es comprensible optar por soluciones rápidas. Sin embargo, muchas colaciones disponibles contienen un alto aporte de azúcares o entregan energía por poco tiempo, haciendo que el hambre reaparezca rápidamente. Por ello, vale la pena volver a considerar preparaciones simples y conocidas, como un buen sándwich, que sigue siendo una opción práctica, versátil y fácil de adaptar a las necesidades de cada estudiante.
Durante mucho tiempo el pan fue injustamente catalogado como un alimento a evitar. Hoy sabemos que no todos los panes son iguales y que, al elegir opciones con mayor aporte de fibra y proteínas, puede transformarse en un excelente aliado para una colación equilibrada. Combinado con alimentos saludables como quesillo, huevo, pavo, pollo, atún o palta, ayuda a entregar energía de manera sostenida y a prolongar la sensación de saciedad.
Más que buscar la colación «perfecta», el desafío está en construir hábitos que sean sostenibles para cada familia. Planificar con anticipación, variar los rellenos de un sándwich, incorporar frutas de estación y hacer partícipes a los niños en la preparación de sus colaciones son acciones simples que pueden marcar una gran diferencia.
Porque, al final, educar en hábitos saludables comienza con decisiones cotidianas. Muchas veces, un buen sándwich preparado con ingredientes de calidad aporta mucho más que saciedad: también ayuda a que los niños enfrenten su jornada con la energía necesaria para aprender, jugar y disfrutar.











