Las alertas para ayudar a identificar a una persona con trastorno alimentario

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Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) presentan la tasa de mortalidad más alta de las enfermedades psiquiátricas y hay ciertas conductas que nos pueden ayudar a detectar cuando una persona cercana está sufriendo alguna de estas enfermedades. Especialistas del área de la salud entregan recomendaciones para abordar el tema en nuestro entorno familiar.

Febrero de 2020- En el mundo hay una incidencia de 1 a 2% de anorexia en mujeres jóvenes, y de un 3,5% de mujeres con trastorno por atracón, según la Asociación de Trastornos Alimentarios Americana. “Sin embargo, es importante tener en cuenta que los TCA son muchas veces subdiagnosticados debido a que el paciente no calza dentro de las categorías anteriores, sino que presenta un trastorno alimentario no especificado (TANE), que se agregaron en la nueva edición del manual de clasificación de trastornos mentales (DSM-V), el cual hace que estos números aumenten en hasta un 14% de la población”, explica Carolina Nudman, psicóloga especialista en trastornos alimentarios de Clínica Santa María.

Este tipo de trastornos tienen mayor incidencia en mujeres que en hombres. “Investigaciones han demostrado que la mayoría de los TCA comienzan en la adolescencia o en la etapa de adultez joven (alrededor de los 20 años). Lo que no significa que no se puedan presentar en etapas de la vida temprana o tardía, pero es menos frecuente”, explica el psicólogo clínico bariátrico de Clínica Vespucio, Julio Muñoz.

“Muchas veces están asociados a otro tipo de diagnósticos, especialmente en la línea de la ansiedad, la obsesión, la depresión y también el consumo de sustancias y/o alteraciones en el desarrollo de la personalidad. Son cuadros que tienen riesgo de auto agresiones y posibles intentos o muerte por suicidio, esto porque generan un gran sufrimiento en quien los padece. A pesar de que se han descrito en todos los tiempos, la cultura actual, con su excesivo endiosamiento de la figura corporal como factor asociado al éxito o fracaso en la vida, contribuye a la persistencia, pese a los intentos que se hacen de prevenirlos”, sostiene la Dra. Paz Quinteros, psiquiatra de niños y adolescentes de Clínica Dávila.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se dividen en seis: Anorexia Nerviosa, Bulimia Nerviosa, Trastorno de Rumiación, Trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos, Pica y Trastorno de Atracones. La especialista de Clínica Dávila explica las diferencias entre estos trastornos:

Anorexia nerviosa

Cuadro caracterizado por bajo peso al cual la persona llega por vías inadecuadas, como restricciones alimentarias asociado a ejercicio excesivo, vómitos o ingesta de laxantes u otros medicamentos.  Además, tienen un miedo intenso a subir de peso y se perciben de manera distorsionada; es decir, más gruesos de lo que son en realidad. Se consideran dos tipos: la anorexia restrictiva (sólo restringe la ingesta) y la purgativa (se agregan vómitos o purgas como ejercicio excesivo).

Bulimia nerviosa

Este trastorno también es potencialmente mortal, más que por la falta de nutrientes, por las alteraciones metabólicas que pueden darse con las ingestas excesivas asociadas a purgas, como el vómito. Las personas que sufren de bulimia tienen episodios de atracones, en los cuales pierden el control sobre su alimentación, seguidos de técnicas poco saludables para perder el peso, como el vómito inducido, ejercitarse desmesuradamente, ingerir laxantes, o restringir la alimentación durante el día, lo que suele provocar nuevos episodios de atracones. Lo más marcado aquí es la impulsividad y muchas veces la inestabilidad en el humor.  Muchos (as) tienen un peso normal o sobrepeso.

Trastorno por atracón

Aquí existe un descontrol sobre la ingesta, consumen grandes cantidades de alimento en corto tiempo, presentan importante culpa posterior, muchas veces asociado a vergüenza. No vomitan. Es frecuente causa de obesidad. Para diagnosticar este tipo de trastorno, el/la paciente debe presentar atracones por lo menos una vez por semana, durante tres meses.

Trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos

Los pacientes con este trastorno suelen ingerir muy poca cantidad de alimentos y/o evitar el consumo de algunos. Es que no les gustan ciertas características sensoriales, como la textura, color, aroma, etc. pero no tienen una imagen corporal distorsionada, ni tampoco el objetivo de perder peso. Tampoco tiene que ver con una ideología, como el veganismo; realmente las personas sienten un profundo malestar por determinados alimentos.

Rumiación

Corresponde a la ingesta de comida ya tragada previamente y que por un proceso de regurgitación vuelve desde el estómago hacia la boca producto de contracciones estomacales involuntarias y relajación del esfínter que comunica el esófago con el estómago.

Las personas que sufren de rumiación pueden tener bajo peso, ya que escupen la comida en vez de volver a tragarla, o comen menos para evitar la regurgitación.

Pica

Consumo persistente de sustancias no nutritivas en un período de al menos un mes. Se asocia frecuentemente a trastornos psiquiátricos y las sustancias ingeridas son muy diversas: hielo, cuerdas, madera, tierra, etc.

En este sentido, el psicólogo clínico bariátrico de Clínica Vespucio recomienda poner atención a estos aspectos para detectar un posible trastorno en alguien cercano:

En relación con la alimentación:

  • Utilización injustificada de dietas restrictivas.
  • Estado de preocupación constante por la comida.
  • Interés exagerado por recetas de cocina.
  • Sentimiento de culpa por haber comido.
  • Levantarse de la mesa y encerrarse en el baño después de cada comida.
  • Aumento de la frecuencia y cantidad de tiempo que está en el baño.
  • Evitar comidas en familia.
  • Rapidez con la que se acaba la comida de casa.
  • Encontrar comida escondida, por ejemplo, en su habitación.
  • Encontrar grandes cantidades de restos de comida, envoltorios, etc. en su habitación o en la basura.

En relación con el peso:

  • Pérdida de peso injustificada.
  • Miedo y rechazo exagerado al sobrepeso.
  • Práctica de ejercicio físico de forma compulsiva con el único objetivo de adelgazar.
  • Práctica del vómito autoinducido.
  • Consumo de laxantes y diuréticos.
  • Amenorrea (desaparición del ciclo menstrual durante, 3 meses consecutivos, como mínimo), como síntoma debido a la desnutrición.
  • Otros síntomas físicos debidos a la desnutrición: frío en las manos y pies, sequedad de la piel, estreñimiento, palidez o mareos, caída de cabello, etc.

En relación con la imagen corporal:

  • Percepción errónea de tener un cuerpo grueso.
  • Intentos de esconder el cuerpo con ropa ancha, por ejemplo.

En relación con el comportamiento:

  • Alteración del rendimiento académico o laboral.
  • Aislamiento progresivo.
  • Aumento de la irritabilidad y agresividad.
  • Aumento de los síntomas depresivos y/o la ansiedad.
  • Comportamientos manipulativos y aparición de mentiras.

¿Cuál es el tratamiento?

“Los trastornos alimenticios se deben tratar de forma individual y personalizada con un enfoque multidisciplinario e idealmente con un equipo interdisciplinario con variados especialistas, entre ellos un médico de cabecera, psiquiatra, psicólogo, nutricionista, y otros profesionales que se requieran según el caso”, sostiene Lilian Contreras, nutricionista de Clínica Ciudad del Mar.

El psicólogo de Vidaintegra, Fernando Marchant, sostiene: “La importancia del núcleo familiar es fundamental. El apoyo debe ir dirigido a la aceptación de la condición, evitando la crítica o los juicios que devalúen al paciente y evitar buscar culpables entre los miembros de la familia. Esta aproximación puede ser de mucha ayuda para despertar en el paciente la consciencia de enfermedad y poder bajar las defensas para vencer la negación del cuadro”.

La psicóloga de Clínica Santa María sostiene que los índices de mejora en los pacientes en tratamiento son muy relativos y dependen del tipo del diagnóstico, la edad, tipo de tratamiento y de su duración: “Se ha observado que dentro de los pacientes con anorexia que consultan, un tercio aproximadamente logra una remisión sintomática, del cual un porcentaje menor logra mantener este cambio en el tiempo. Mejores índices se observan en la bulimia, donde aproximadamente un 30% de la población que consulta logra mejorar los síntomas conductuales”.

La International Osteoporosis Foundation señala que más del 50 % de las adolescentes con anorexia nerviosa muestran una pérdida de masa ósea significativa a menos de un año del momento en que se hizo el diagnóstico. Las personas de cualquier edad que padecen anorexia nerviosa —o que la hayan padecido con anterioridad— son más proclives a tener una salud ósea deficiente que la población general. Las personas que hayan padecido anorexia tienen un aumento del doble o el triple en el riesgo de sufrir una fractura ósea.

En cuanto a los índices de mortalidad, “los trastornos alimentarios son patologías complejas, donde se observa una de las tasas más alta de mortalidad en comparación al resto de las enfermedades psiquiátricas. Así también, es una de las principales causas de enfermedades crónicas en adolescentes y supone un costo económico muy alto para el presupuesto de las familias de quien la padece”, agrega Carolina Nudman.

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