Por: Francisco Álvarez / Académico Química y Farmacia U. Andrés Bello, sede Viña del Mar.
La metformina lleva más de 60 años utilizándose para tratar la diabetes tipo 2 y es uno de los medicamentos más prescritos en el mundo. A pesar de ello, la ciencia sigue descubriendo cómo funciona. Un reciente estudio identificó que parte de su efecto no ocurre solo en órganos como el hígado o los músculos, como se pensaba tradicionalmente, sino también en una zona del cerebro encargada de regular el equilibrio entre el hambre, el gasto de energía y los niveles de azúcar en la sangre. En otras palabras, la metformina también «conversa» con el cerebro para ayudar al organismo a controlar la glucosa.
Este hallazgo no cambia la forma en que hoy se prescribe el medicamento, pero sí mejora nuestra comprensión de por qué ha demostrado ser tan eficaz y segura durante décadas. Conocer con mayor precisión cómo actúa permitirá desarrollar tratamientos aún más específicos y con menos efectos adversos.
La metformina también ha despertado un creciente interés por sus posibles beneficios más allá de la diabetes. Diversos estudios sugieren que podría contribuir a retrasar algunas enfermedades asociadas al envejecimiento y preservar mejor la función cerebral y metabólica, aunque estas aplicaciones todavía están siendo evaluadas en ensayos clínicos y no forman parte de sus indicaciones actuales.
La historia de la metformina nos recuerda que incluso los medicamentos más antiguos pueden seguir enseñándonos lecciones nuevas. La investigación biomédica no sólo consiste en descubrir nuevos fármacos, sino también en comprender mejor aquellos que han demostrado, durante décadas, mejorar la vida de millones de personas.











