LA VERDADERA BESTIA: 125 AÑOS DE DRÁCULA

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Por: Carolina Heiremans. / Directora de Bachillerato en Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad San Sebastián.

En un nuevo aniversario de la primera publicación de la novela “Drácula”, de Bram Stoker, 1369 vampiros se dieron cita en la abadía benedictina en ruinas de Whitby, pequeño pueblo pesquero ubicado al noreste de Inglaterra. Con este nuevo récord mundial, se busca honrar la memoria del escritor irlandés, quien hace 125 años dio vida a uno de los monstruos más admirados de la literatura fantástica.

Bram Stoker se demoró 7 años en crear el personaje de Drácula, noble de Transilvania que desembarcó en la playa de Whitby, en pleno siglo XIX, dispuesto a colonizar esta tierra con un ejército de criaturas de la noche a las que iría reclutando. Si bien es cierto que el inicio de su popularidad se produjo recién en junio de 1924, tras la primera adaptación al teatro a cargo de Hamilton Deane, no cabe duda de que “Drácula”, de Bram Stoker, representa la esencia misma del vampirismo, un mito cuya universalidad es innegable y que siempre estará vigente.

Este libro, que en sus inicios llevaba por nombre “The undead” (el no muerto), fue publicado en plena época victoriana y ha sido catalogado como la encarnación suprema del gótico inglés tardío. Da cuenta de las principales preocupaciones victorianas de un país que estaba inmerso en un proceso de industrialización y de una época donde el estudio de la Filosofía Natural y de la Historia Natural llegó a ser considerado toda una ciencia.

En cuanto al conocimiento, predominaba el racionalismo, es decir, aquella ideología según la cual era viable reducir la realidad y el significado a aquello que de antemano el hombre había decidido que era verdadero, esto es lo cognoscible mediante el método empírico-matemático.

Sin duda, se pueden identificar semejanzas, pero también diferencias con nuestra sociedad del siglo XXI. El hombre que vivía en los núcleos urbanos del Londres del siglo XIX no es tan distinto al del siglo XXI. La pérdida de identidad como consecuencia de la entonces masificación, hoy equivalente a la globalización, sumada a la pobreza, la delincuencia, la soledad y la excesiva racionalización de la realidad hacen que aumente la ansiedad del hombre. Es decir, cuando la razón elimina el misterio y desencanta el mundo, el hombre se ve conminado a fugarse al ámbito de lo oculto, de lo prohibido, de lo fantástico para re-encontrarse.

El Drácula de 1879, muy distinto al personaje que protagonizó las posteriores adaptaciones cinematográficas. En palabras de Carl Gustav Jung, es aquella sombra que vive en nuestro inconsciente y que lucha con el yo consciente y racional para darse a conocer.  Es la maldad pura y símbolo de todo lo prohibido, de la inmortalidad, del caos e, incluso, de aquella fuerza inconmensurable que toda persona quisiera tener.

En definitiva, es una imagen arquetípica que da cuenta de la alteridad y que como señala el crítico Juan Antonio Molina Foix representa una época, que algunos consideran hipócrita y represiva, y que desgraciadamente sigue siendo la nuestra.

Por lo tanto, no es de extrañarse que 1369 personas, disfrazadas de vampiro, hayan superado un récord y sigan honrado la memoria de Bram Stoker, a 125 años de su publicación. Este escritor irlandés fue capaz de dar vida a un mito cuya universalidad es innegable y que siempre estará vigente, porque el ser humano nunca dejará de experimentar aquellos conflictos existenciales que se relacionan, de una u otra manera, con esta criatura.

 

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