Calor y deshidratación: los riesgos de esta peligrosa combinación

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Por: Dr. Fernando Martínez / coordinador médico de Help

Antes de la llegada oficial de la época estival, las olas de calor han adelantado el verano y sus altas temperaturas. Ante esta situación, es importante anticipar también el cambio de vestuario, el protector solar y empezar a tomar más agua. Si no adoptamos estas precauciones, la deshidratación puede limitar el funcionamiento normal del cuerpo, comprometiendo nuestra capacidad de responder ante situaciones cotidianas. Por ello, el coordinador médico de Help, Dr. Fernando Martínez, explica qué pasa en el organismo cuando mesclamos altas temperaturas con la baja ingesta de líquido.

Las altas temperaturas que caracterizaron los primeros días de noviembre fueron un adelanto de lo que se vivirá este verano en el país. Para disfrutar el sol y el calor de esta temporada, es importante considerar los efectos que estas condiciones tienen en el organismo. “La deshidratación afecta la capacidad del cuerpo para disipar el calor por lo que aumenta el riesgo de hipertermia, es decir, cuando el organismo se queda sin mecanismos para disminuir la temperatura”, explica el coordinador médico de Help, Dr. Fernando Martínez.

Tan importante es el equilibrio para una persona, que mantener un cierto volumen de agua es fundamental para sobrevivir.  Por ejemplo, si pierdo líquido, el organismo empieza a ahorrar agua, lo cual se nota en una orina mucho más concentrada. “No obstante, si la perdida es superior a mi capacidad de ahorro, me deshidrato y puede haber un deterioro de las funciones de nuestro cuerpo” afirma el especialista. Los riñones son los primeros en fallar y con ello se cae en un círculo vicioso de daños progresivos.

¿A qué síntomas estar atentos?

La sed es el primer aviso de que el calor está afectando las funciones del organismo  y que necesita hidratación. “Posteriormente aparece un decaimiento progresivo y malestar general cada vez peor, pudiendo llegar a compromiso de conciencia o desmayo, estado que se ejemplifica perfectamente con los maratonistas que llegan a la meta absolutamente perdidos” aclara el Dr. Martínez.

Si  no se interviene para  buscar la manera de rehidratar, el paciente puede llegar a morir, una situación que era más frecuente hace algunos años cuando las diarreas en niños no se lograban controlar.

¿Cuánta agua debo tomar?

En general, un adulto necesita consumir aproximadamente dos litros de agua, además del líquido habitual que está presente en cada una de sus comidas. “En situaciones que uno sabe que va a correr el riesgo de perder mucho líquido por exceso de calor, actividad física u otra razón, debe ir ingiriendo agua antes de tener sed. Esta recomendación es especialmente delicada en los niños y ancianos que son los grupos más propensos a sufrir problemas  con la deshidratación” explica el especialista.

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