Por: Roberto Munita Morgan. Director de Administración Pública UNAB
La reducción de un 12% al presupuesto del Servicio Electoral (Servel) en la última ley de presupuestos le hace un flaco favor a la salud de la democracia. Erróneamente se piensa que este organismo autónomo del Estado trabaja sólo cuando hay elecciones. Al contrario, en años no electorales hay diversas labores que no pueden ser dejadas de lado.
Por un lado, el Servel fiscaliza a los partidos políticos, varios de los cuales deberán enfrentar procesos de refichaje a partir de la última reforma política. Además, este organismo aprovecha los períodos sin elecciones para capacitar, realizar estudios y preparar el siguiente ciclo electoral. Finalmente, tenemos la tarea permanente de la transparencia electoral: año tras año, debido a los cambios tecnológicos, hay cada vez mayor exigencia por entregar información clara, accesible y fácil de consultar para la ciudadanía.
En Chile nos sentimos orgullosos de contar con un sistema electoral confiable, expedito y reconocido transversalmente. Y buena parte de ese prestigio descansa en una institución que funciona antes, durante y después de cada elección. Un fuerte recorte, como el que plantea la ley de presupuestos, puede significar pan para hoy, pero hambre para mañana.











