La necesidad de reinstalar el enfoque de género a partir la educación inicial

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Por: Andrea Figueroa / Directora Escuela de Educación Parvularia Universidad de Las Américas

La violencia de género tiene múltiples expresiones. Una vertiente, se evidencia a partir de las estructuras sociales e institucionalidades que configuran dinámicas de segregación de género, materializadas a través de discursos y distinciones desde la infancia.

El caso de Ámbar invita a realizar un análisis crítico de cómo se estructura el orden social y el funcionamiento de este, que tiene como mecanismo simbólico y espacio de legitimación de la violencia, especialmente en las mujeres. En estas expresiones, la violencia ejercida a los cuerpos femeninos, ha sido amparada por una cultura predominantemente androcéntrica, que encuentra su manifestación violenta a partir de la vulnerabilidad, de los sujetos, en un círculo que en la primera infancia comienza con episodios de negligencia y abandono.

Desde el punto de vista educativo, las investigaciones señalan que las desigualdades iniciales se manifiestan a partir de los primeros años de vida. En este marco, plantear el enfoque de género como aporte para abordar desde la arista educativa esta problemática y reinstalarla desde la educación inicial, implica construir en base a enfoques teóricos, prácticas y diversidades, nuevas conceptualizaciones de la educación en la primera infancia.

Por ello se hace perentorio abordar la problemática desde tres aristas en lo que concierne a lo educativo. La primera, a partir de las institucionalidades del estado, orientando el enfoque de género como una temática central para avanzar en la construcción de sociedades inclusivas. La segunda, desde las institucionalidades públicas que proponen proyectos educativos de educación inicial para la población infantil y sus familias, desde esta arista, el desafío está en integrar en los proyectos de mejoramiento educativo, objetivos estratégicos que aborden el enfoque de género en la educación inicial; y finalmente, a partir de los actores educativos: educadores y familia, comprendiendo que una parte de la violencia que se expresa en la adultez, versa sobre los imaginarios y estereotipos de género, que son parte de las configuraciones que estos transmiten a los niños y niñas.

Para avanzar en abordar la violencia de género, no solo bastan estas definiciones, sino un sinnúmero de acciones que permitan plantear múltiples posibilidades para resolverlo desde la complejidad del tema. Para avanzar en ello, es importante reinstalar, este tema en la agenda de la educación parvularia para fortalecer la transversalización del enfoque de derechos como aporte sustantivo de dicha institucionalidad.

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