Desaparición de la nación chilena. Nacimiento del “pueblo”

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Por: Rafael Videla Eissmann

La nación es un “órgano vivo” como apropiadamente fue definida por Johann Gottfried Herder y Johann Gottlieb Fichte en Discursos a la nación alemana (1808), la cual presenta rasgos hereditarios que se expresan en una cultura, una lengua y un territorio determinado. Su desarrollo en el espacio y tiempo es su historia. La nación posee entonces una carga genética, única y diferenciada: Es el Volksgeist o Espíritu del Pueblo, permanente, supraindividual y trascendental.

Surge así, o mejor, se plasma, la identidad o el conjunto de características específicas de un grupo humano. De aquí emana a su vez un conjunto de ideas que abarcan todos los campos –la sociedad, la política, el arte, las actividades económicas, es decir, la cultura en general–, factores que cuando se hacen conscientes devienen en una cosmovisión o Weltanschauung.

La organización política de las familias es el Estado, manifestación política de la nación y de la comunidad. De la unidad común.

De este modo, en la nación se ampara la soberanía, fundamento de la máxima expresión política: El Estado-Nación.

Estas características se reconocen desde la antigüedad –aun cuando el concepto propiamente tal es del siglo XVIII–. Y por cierto, estas características se reconocen –reconocían– también en Chile: Los fundadores poseyeron un origen común, una tradición y una lengua común. Es el acervo cultural gótico-araucano.

Esta traditio y el ethos que impulsó los fundamentos de Chile, se plasmó en lo que la cronología historiográfica denomina como “Colonia”, para desde allí crear no solamente un conjunto de villas y ciudades –elementos materiales– sino más importante, la proyección de una cosmovisión y de nuestra nacionalidad.

Paradójicamente, las funestas autoridades políticas del país de las últimas décadas, sentaron las bases de la destrucción de nuestra nación a través de la promoción del “globalismo” y a través de la programación de los medios de comunicación en el marxismo cultural –la destrucción de la familia por medio de la “ideología de género” y el relativismo de los valores, el materialismo, la estupidez, la vulgaridad y el nihilismo; la destrucción de las Fuerzas Armadas y la erradicación de la tradición e identidad nacional por medio del así llamado “multiculturalismo”–.

¡La nación fue socavada por las propias ‘autoridades’ que tanto rebuznan “trabajar por la gente”, “por el país” y “por el futuro”…!

Paradójicamente, el “futuro” de Chile ya no es de chilenos ni para chilenos.

Las Fuerzas Armadas han sido cómplices en este siniestro e irreversible plan, quebrantando por primera vez su lealtad a la nación.

Es la gran traición a Chile y a nuestros ancestros.

La nación chilena tuvo un origen común y por ende, debería haber tenido un destino común basado en la identidad y tradición de nuestros ancestros y sus valores. Pero no lo tendrá pues desaparece con la imposición del “globalismo” promovida por los agentes locales y sus marionetas en la Derecha y la Izquierda y en las logias y las iglesias –todos son “hermanos”– y ahora, en la etapa final, a través de la gran invasión que se ha fomentado, sentando las bases para el recambio poblacional. Pues en cien años más la población “chilena” será fiel reflejo de Puerto Príncipe, de Caracas y de Bogotá.

Es el fin de la nación chilena y la aparición del “pueblo”: Una masa sin origen ni raíces; y por ende, sin identidad –es decir, los parias “multiculturales”, “latinos”, ‘globalizados’–; sin patria ni sentido de trascendencia.

Es el “nuevo Chile” del que hoy se ufanan los traidores de nuestra tierra.

 

 

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