La confiabilidad global de los itinerarios marítimos llegó a 62,6% en junio y los retrasos promediaron 5,31 días, según Sea-Intelligence. Para Matías Bearwald, experto en global logistics, el desafío para los importadores ya no es solo conseguir una buena tarifa, sino aprender a planificar operaciones considerando que las fechas de llegada pueden cambiar.
La fecha en que debería llegar un contenedor se ha convertido en una variable cada vez más relevante para las empresas que importan. Y no solo por la carga en sí.
Detrás de cada embarque hay inventario, transporte terrestre, bodegas, compromisos con clientes y, en muchos casos, campañas comerciales que dependen de que un producto esté disponible en una fecha determinada.
“Una empresa no puede planificar su operación pensando que la fecha estimada de llegada es una fecha garantizada. En comercio exterior siempre existe un margen de variación y hoy es importante que los importadores sepan cómo reaccionar frente a eso”, explica Matías Bearwald, fundador de Greenwish Cargo y especialista en global logistics
La advertencia toma relevancia en un escenario donde los itinerarios marítimos continúan mostrando variaciones.
Según el último análisis de Sea-Intelligence, la confiabilidad global de los servicios de transporte marítimo de contenedores llegó a 62,6% en junio de 2026. Esto significa que cerca de cuatro de cada diez arribos no se realizaron de acuerdo con el itinerario previsto. Cuando hubo retrasos, estos promediaron 5,31 días.
Para Bearwald, más que mirar esa cifra como un problema exclusivo de las navieras, las empresas deberían incorporar dentro de sus propias decisiones de planificación.
El costo de que una fecha cambie
Un atraso puede parecer menor cuando se observa solamente desde el transporte. Cinco días, por ejemplo, pueden no significar demasiado para una carga que tiene suficiente inventario disponible.
Pero la situación cambia cuando ese contenedor era necesario para mantener abastecido un negocio. “Una carga no viaja sola. Hay muchas decisiones que se toman en función de su llegada. Si se mueve la fecha, también pueden cambiar las coordinaciones de transporte, la recepción en bodega, la reposición de inventario y hasta una campaña comercial”, señala Bearwald.
En ese escenario, el principal problema no siempre es el costo directo de la demora. Puede estar en lo que la empresa deja de hacer mientras espera.
Una tienda puede quedarse sin un determinado producto. Un importador puede tener que modificar una entrega. Una empresa puede recibir su mercadería después de la fecha para la que fue planificada.
“El mayor impacto puede aparecer fuera del puerto. Si una empresa no tiene el producto disponible cuando lo necesita, el problema deja de ser logístico y pasa a ser comercial”, afirma el fundador de Greenwish Cargo.
Por eso, una de las recomendaciones del especialista es dejar de mirar la logística como una operación que comienza cuando el contenedor sale y termina cuando llega a destino.
La planificación debe considerar también qué ocurre si la fecha cambia.
Eso implica tener visibilidad sobre el estado de las cargas, mantener comunicación con los distintos actores de la cadena y, cuando sea posible, contar con alternativas para reaccionar ante un atraso.
“Mientras antes una empresa sabe que su carga tendrá una demora, más opciones tiene. Puede ajustar inventario, modificar una entrega o reorganizar parte de su operación. El problema aparece cuando la información llega cuando ya no hay margen para actuar”, explica.
Para Bearwald, este escenario también está modificando el rol de los operadores logísticos. “Nuestro trabajo no debería limitarse a decirle al cliente cuándo llega un contenedor. También tenemos que ayudarlo a entender qué significa esa fecha para su negocio y qué alternativas tiene si cambia”, plantea.
En definitiva, un atraso marítimo no necesariamente significa una crisis para un importador.
Pero sí puede convertirse en una si toda la operación estaba construida alrededor de una fecha que finalmente no se cumple. Y ahí, sostiene Bearwald, está uno de los principales desafíos de la logística actual: no solamente mover una carga de un punto a otro, sino ayudar a las empresas a tomar mejores decisiones cuando las condiciones del transporte cambian.











