Día Internacional de la Discapacidad reabre debate sobre la inclusión laboral en Chile

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  • La conmemoración del 3 de diciembre vuelve a poner sobre la mesa los desafíos de empleabilidad para las personas con discapacidad. Aunque el cumplimiento de la Ley 21.015 crece, persisten brechas culturales, falta de sostenibilidad en los procesos y desconocimiento sobre cómo avanzar más allá de las obligaciones legales. Expertos plantean que las fundaciones tienen un rol clave en acompañar a las empresas.

Diciembre 2025.- El Día Internacional de las Personas con Discapacidad se desarrolla este año bajo el lema “Fomentar sociedades inclusivas”, un llamado global a que los países avancen en la integración plena. En el mundo, más de 1,3 mil millones de personas (16 % de la población) viven con alguna discapacidad, y la ONU advierte que aún enfrentan barreras educativas, laborales y sociales persistentes.

En Chile, el último reporte del Servicio Nacional de la Discapacidad indica que el 17,6 % de la población adulta —casi 2,7 millones de personas— tiene algún tipo de discapacidad. Solo el 40 % de este grupo participa en el mercado laboral, muy por debajo del 62 % de ocupación de la población sin discapacidad. A esto se suma que más de un millón y medio de personas con discapacidad no tiene trabajo, una cifra que dimensiona la urgencia del tema.

La Ley 21.015, vigente desde 2018, obliga a las empresas con más de cien trabajadores a contratar al menos un 1 %. En 2024 se estableció que la cuota aumentará a 2 % cuando el 80 % de las empresas esté cumpliendo el primer tramo. Según la Dirección del Trabajo, este año un 48,8 % de las compañías reportó cumplimiento, un aumento importante respecto del 36,4 % registrado en 2024.

Pero, como advierte Felipe Olavarría, fundador y gerente general de la Fundación Miradas Compartidas, el foco no debe quedar solo en los números. “La inclusión laboral es la punta del iceberg. Lo relevante es la cultura que se construye dentro de las empresas: políticas claras, prácticas sostenibles y colaboradores que entienden por qué esto es un derecho”. Según explica, la brecha cultural —el desconocimiento, el asistencialismo y la distancia con la discapacidad— sigue siendo uno de los mayores obstáculos para avanzar.

Miradas Compartidas, que este año ha trabajado con cerca de 90 empresas y ha desarrollado actividades con más de ocho mil personas, ha impulsado un enfoque que busca “acercar la discapacidad” de manera cotidiana. A través de eventos, charlas, actividades deportivas y espacios de conversación, la fundación propone un tono más naturalizado y menos solemne para hablar del tema, lo que —según Olavarría— ha permitido disminuir barreras y favorecer ambientes inclusivos. “Siempre nos dicen que nosotros ‘chasconeamos’ la discapacidad. Y es justamente eso lo que buscamos: que deje de ser un tema ajeno”, afirma.

Otro de los cambios relevantes en el último año ha sido la adopción creciente de alternativas al cumplimiento legal que van más allá de la donación. La legislación permite cumplir la cuota contratando personas con discapacidad o mediante la subcontratación de servicios prestados por equipos compuestos por ellas. Este modelo, que Miradas Compartidas ha impulsado con talleres gastronómicos y pausas activas, permite que empresas reciban un servicio que ya necesitaban, mientras generan empleo real. Hoy, la fundación cuenta con cuarenta personas con discapacidad contratadas a través de estas modalidades y espera ampliar esa cifra el próximo año. “Entre donar y no recibir nada, y contratar un servicio que aporta a la compañía y además genera empleo, las empresas están prefiriendo la segunda opción”, explica Olavarría.

El trabajo con empresas también ha permitido elevar los niveles de cumplimiento: según el especialista, un 60 % de las organizaciones con las que colaboran ya alcanza la cuota del 1 %. A eso se suma un ecosistema de actividades que refuerza la cultura inclusiva, como las copas de fútbol, los eventos del Día del Síndrome de Down o la reciente gala Miradas Compartidas Awards, donde más de mil asistentes fueron testigos de una premiación donde se reconoció a las empresas más inclusivas del país.

De cara a esta nueva conmemoración, Olavarría enfatiza que el desafío no puede resumirse a “acciones puntuales” una vez al año. “No sacamos nada con hacer algo solo el 3 de diciembre. La inclusión requiere procesos continuos, decisiones sostenidas y voluntad real de cambiar”. Para el experto, avanzar hacia una sociedad inclusiva implica entender que la igualdad de oportunidades en el empleo, la educación y la vida comunitaria no es una aspiración simbólica, sino un derecho que aún está lejos de cumplirse plenamente.

 

 

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