Experto desestima recuperación sólida del mercado laboral y alerta por débil generación de empleo de calidad

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El INE informó que la tasa de desocupación fue de 8,3% en el trimestre diciembre 2025-febrero 2026, dato que fue analizado por el académico de la UNAB Jesús Juyumaya.

El académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jesús Juyumaya, analizó la última medición del mercado laboral chileno entregada este lunes por el INE, que arrojó una tasa de desocupación de 8,3% en el trimestre diciembre 2025-febrero 2026.

La cifra implica un descenso de 0,1 punto porcentual en 12 meses, y de acuerdo con el organismo público, se explica por el alza de la fuerza de trabajo (1%), en línea con el incremento de 1% de las personas ocupadas. En el caso de las mujeres, el desempleo alcanzó un 9%.

Para el especialista de la UNAB, este dato “ofrece una señal que, aunque positiva en lo inmediato, requiere una lectura más exigente”, ya que “la disminución marginal del desempleo no constituye, por sí sola, evidencia de una recuperación robusta, sino más bien de una estabilización frágil en un contexto de bajo dinamismo”.

El economista explicó que, en términos técnicos, la variación observada responde más a un ajuste incremental en los flujos de entrada y salida del empleo que a una expansión significativa de la demanda laboral.

“El crecimiento de los ocupados (0,5%) es consistente con un escenario de creación de empleo acotada, concentrada en sectores de servicios -particularmente alojamiento, comidas y actividades profesionales- cuya elasticidad cíclica tiende a ser mayor, pero cuya productividad media y estabilidad contractual suelen ser más bajas”, dijo Juyumaya.

Agregó que este patrón sugiere que el mercado laboral chileno está operando bajo una lógica de “recomposición más que de expansión”. “En otras palabras, se crean empleos, pero no necesariamente en segmentos de alta calidad o con capacidad de sostener aumentos persistentes en ingresos y bienestar. La ausencia de un impulso más decidido en sectores intensivos en capital o con mayor sofisticación tecnológica refuerza esta interpretación”, aseveró.

Un elemento crítico para el análisis que destaca el académico UNAB es la persistencia de “holguras laborales” que no se capturan plenamente en la tasa de desocupación tradicional, es decir, la tasa de desempleo ampliada, un indicador que, además de los desocupados tradicionales, suma otros grupos con holgura laboral significativa, entre ellos aquellas personas que están fuera de la fuerza de trabajo, pero disponibles para trabajar, y aquellas que trabajan menos horas de las que desean y podrían trabajar.

“La tasa de desempleo ampliada, que alcanza 17,3%, revela una brecha sustantiva entre el mercado laboral observado y su potencial efectivo. Este indicador sugiere la existencia de un contingente relevante de trabajadores disponibles que, por diversas razones -desaliento, responsabilidades de cuidado o informalidad- permanecen fuera de la fuerza de trabajo activa”, señaló.

Desempleo en mujeres

La dimensión de género profundiza estas tensiones, afirmó el experto. “La brecha en la tasa ampliada -20,4% en mujeres frente a 14,8% en hombres- no solo refleja desigualdades estructurales en acceso y permanencia en el empleo, sino también limitaciones en la capacidad del sistema económico para integrar plenamente el capital humano disponible”, advirtió. Desde una perspectiva de crecimiento, a juicio de Juyumaya, esta brecha constituye una “ineficiencia significativa”.

En la Región Metropolitana, en tanto, la tasa de desocupación fue de 8,8%. Con respecto a este dato, el académico resaltó que “aunque con una leve mejora interanual, confirma que incluso en el principal polo económico del país la recuperación del empleo es incompleta. Esto refuerza la hipótesis de que el problema no es meramente territorial, sino sistémico”.

A modo de conclusión, Juyumaya comentó que “los datos configuran un escenario de ‘normalización incompleta’: el mercado laboral deja atrás los peores registros, pero no logra transitar hacia una fase de expansión sostenida. La señal para la política pública y el sector privado es clara. Más que celebrar variaciones marginales, el desafío radica en activar motores de creación de empleo de calidad, fortalecer la participación laboral -especialmente femenina- y alinear la dinámica del empleo con un crecimiento económico más intensivo en productividad”.

“Sin estos elementos, las mejoras observadas seguirán siendo, en el mejor de los casos, transitorias”, finalizó.

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