Cada vez más mujeres deciden postergar la maternidad por razones personales, laborales o económicas. Aunque el embarazo después de los 40 años puede requerir mayores controles, especialistas advierten que la edad por sí sola no determina cómo será la gestación y llaman a derribar mitos que aún persisten.
El retraso de la maternidad se ha convertido en una de las transformaciones demográficas más relevantes de las últimas décadas. En Chile, la tasa global de fecundidad llegó a 0,99 hijos por mujer en 2025, mientras que la edad media de la fecundidad alcanzó los 30 años, reflejando que cada vez más mujeres deciden tener hijos a edades mayores.
Sin embargo, junto con este cambio continúan existiendo dudas, prejuicios y temores asociados a los embarazos después de los 35 o 40 años, muchas veces alimentados por información incompleta o mitos que no siempre se ajustan a la realidad médica.
María Mondaca Henríquez, académica de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, explica que la edad es un factor que debe considerarse, pero no el único al momento de evaluar una gestación. “Tener 40 años no significa que un embarazo necesariamente será complicado. La edad puede aumentar la probabilidad de algunas condiciones, pero el riesgo debe evaluarse de manera individual, considerando los antecedentes de salud, los hábitos, las características del embarazo y los resultados de los controles prenatales”, señala. La matrona agrega que “con la edad aumentan algunos riesgos obstétricos, entre ellos hipertensión y preeclampsia, diabetes gestacional, alteraciones cromosómicas y determinadas complicaciones del embarazo, por lo que puede requerirse una vigilancia más estrecha. Sin embargo, esto no significa que todas las gestaciones después de los 40 años sean necesariamente de alto riesgo”.
Miedos
Uno de los temas que más inquieta a las futuras madres es la posibilidad de enfrentar problemas genéticos durante el embarazo. Frente a ello, Mondaca destaca la importancia de una adecuada orientación por parte de los equipos de salud. “Una buena consejería debería explicar qué riesgo aumenta, por qué aumenta y qué podemos hacer para vigilarlo o prevenirlo. La mujer debería salir de su control con información y herramientas para decidir, no sintiendo que su edad es un problema o que debe justificar su decisión de ser madre”, afirma. La académica UNAB sostiene que actualmente las alternativas de tamizaje y diagnóstico prenatal deben ofrecerse a todas las gestantes para que puedan tomar decisiones informadas, independientemente de su edad.
La experta enfatiza además que la atención prenatal debe resguardar la autonomía y la dignidad de las mujeres. “La edad puede modificar algunos riesgos, pero nunca debería definir a una mujer ni determinar cómo será su embarazo. Nuestro rol como profesionales es acompañar, informar y cuidar, no juzgar las decisiones reproductivas”, concluye.











